43 años, 24 dedicados a la prostitución… y ahora, ¿qué?
Llevo casi toda mi vida trabajando en esto. Empecé con 19 años, creyendo que era una opción, algo temporal, un medio para ganarme la vida, para aprender sobre la vida misma. Veinticuatro años después, resulta que lo que antes era “mi trabajo” ahora será ilegal. Sí, en 2025 El gobierno de España quiere abolir la prostitución, y de la noche a la mañana nos veremos obligadas a dejar este país, un colectivo que votó siempre a la izquierda y que en 2027 seguramente no lo hará.
No voy a mentir: da miedo cambiar de profesión. Llevo tanto tiempo dedicada a esto que mi currículum real no existe. ¿Qué pongo? “Experta en… conversaciones largas, gestión de expectativas, paciencia infinita”? Y mis amigas me dicen: “Bueno, siempre puedes reciclarte, aprender algo nuevo”. Claro, si tuviera veinte años y no cuarenta y tres. Con estas canas y estas arrugas de risa y estrés, ¿quién me va a pagar lo que gano en esto?
Intento verlo con humor. A veces me imagino rellenando solicitudes de empleo como si fueran anuncios: “Busco trabajo, soy una señora con experiencia en… clientes complicados, negociaciones difíciles y adaptabilidad extrema”. Sí, parece gracioso, pero por dentro se me revuelven las tripas.
La realidad es simple, tengo experiencia, habilidades, fuerza de voluntad… pero nadie me da un trabajo ganando lo que gano aquí. No hay industria que valore lo que sé hacer. Me quieren quitar lo único que realmente me da independencia económica. Me siento como un pez fuera del agua, sin red, sin un plan B, y con la presión de tener que reinventarme a los cuarenta y tres años y no quiero hacerlo, no me da la gana.
Al final, la única salida es irme si quiero seguir en esto, me obligarán a dejar atrás lo que tanto me costó conseguir, mi vida, mis amistades, mis vecinos, familia, clientes (que son como familia), me obligan a irme para ejercer MI PROFESIÓN en otro país, con otra manera de pensar, a manejar ambientes que no conozco, adaptarme a formas de pensar que nada tienen que ver con nuestra forma de ver la vida.
Que ironía que quien se suponía eran los defensores de la libertad, las minorías y los oprimidos hoy nos quieren obligar a cambiar nuestra forma de pensar y de ver la vida.
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