Mi historia no coincidirá seguramente con la de otras mujeres de mi edad. Conozco historias no tan "bonitas" como la mía, conozco gente que se perdió por el camino (drogas, alcohol, malas desiciones, depresión) mujeres que no volví a ver en la vida y no sé si están bien o no lo están. Espero que sí, y que todas las personas que conocí hasta hoy estén bien y a salvo, aunque puede ser que algunas, desgraciadamente, no lo estén.
Ser puta tiene riesgos, riesgos (aunque suene exagerado) parecidos a los que corren personas que llevan un chaleco antibalas, riesgos que, si no controlas, te joden la vida o directamente te la quitan. Así que no pienses que ser puta es una cosa guay porque te equivocas. Si te dejas llevar, terminas tirada en un descampado o en el borde de una carretera, y si te mantienes alerta y estás fuerte física y mentalmente, puede que pongas fin a una etapa de tu vida pensando que lo conseguiste y que estás a salvo. Por ello te digo que ser puta no es nada guay y cualquier error de cálculo te puede salir muy caro.
Paso a explicarte cómo fueron mis inicios, resumido en 10 puntos, algunos que me marcaron y otros son simples consejos...
Nací en madrid y me mudé a barcelona con una amiga a los 22 años.. (Empecé en esto a los 19)
1. Mis inicios como puta: anuncios en papel y llamadas al fijo
Hace unos cuantos años, el trabajo de escort era más crudo y directo.
Si querías clientes, lo típico era poner un anuncio en el periódico de tu provincia o en esas revistas de pajilleros medio escondidas. Las fotos eran en blanco y negro, más bien cutres, y la información era una frase, un nombre o alias, teléfono y poco más.

La otra era tirarte a la calle, con lo que ello conllevaba (peleas por la zona, robos, agresiones... y puedo seguir hasta mañana), cosa que por suerte no tuve que vivir mucho tiempo. Aunque sí tengo una hermana que le pilló el gusto a lo de ser una diva callejera y dejar calva a toda la que se le acercaba. (Hasta que por fin dejó la calle).
Otra opción eran los "clubs" donde gracias a dios no tuve que trabajar, dejé mi trabajo por que no soporto los horarios ni las exigencias y siempre fui independiente, los clubs de antes nada tienen que ver con los de ahora, pero son muchos años y no me siento cómoda en un club.
Sobre los clubs de antes no te puedo contar ninguna experiencia propia pero nada de "la pompa y lujo" que tienen algunos de ellos hoy.
¿El problema de los anuncios?
Te llamaba cualquier suvnormal a cualquier hora. (Sí, como hoy, pero no podías bloquear numeros).
Muchos llamaban solo para molestar, el típico que te llamaba con los amigos para preguntar si eras puta, o el típico de: hola, ¿se lava ropa? y tu respondías: No, (pensando en que se habían equivocado) y te respondía: Que guarra eres.. (Humor de entonces..).
Antes, si te llamaban, se ocupaba la línea, y si otra persona llamaba le salía comunicando (el típico tono ocupado... pip... pip... pip...). No podías bloquear como te dije, y si esa noche algún payaso la cogía contigo, lo que hacías era descolgar el teléfono un rato a ver si se le pasaba el brote de gilipollez y te dejaba tranquila, o descolgabas y colgabas para ver si se le acababan las monedas (porque llamaban desde cabinas telefónicas y les cobraban). Pero si te tocaba uno llamando desde su casa, esa noche te jodías..
Lo bueno:
Todo era más directo. Si alguien llamaba, cogías el teléfono y te hacías una idea de "como venía", hoy te hablan por whatsapp o telegram y si no te manda un audio no tienes puta idea de si viene con copas, tiene algún trauma o te va a dar la noche.
Antes te hacía trabajar más el boca a boca. Y muchos clientes se eran "fijos".
2. Llegó Internet a los móviles: anuncios en webs y más alcance
Han pasado unos años desde los anuncios en blanco y negro, (lo que te contaba en el punto anterior) ya empiezan a aparecer webs, aunque todavía se utilizaban los anuncios en la sección "contactos" de los periódicos, internet en el móvil me cambió la vida.
Cuando empezaron a salir las primeras páginas de anuncios de contactos online, de hacerme 2k a la semana pasé a 6.
Podías poner tus fotos a color, dar más detalles de lo que ofrecías y, sobre todo probar cosas y llegar a más gente.
Como había dos o tres páginas al principio yo y mi hermana (que somos unas pícaronas) pusimos varios perfiles y diferentes precios, ¿que te crees que pasó ? pues eso.. el caché x10
¿Lo bueno?
Menos preguntitas (ya podían ver tus fotos y precios antes de contactar).
Podía elegir clientes, horarios, precios.. en fin que se acabó lo de ser "puta y mal pagada".
¿Lo malo?
La competencia empezaba a ser brutal. Cualquiera podía subir un anuncio.
Empezaron a aparecer perfiles falsos, y más de uno se hacía pasar por ti para captar clientes y ni enviando mails te eliminaban un anuncio.
Ya no bastaba con unas fotos decentes, había que invertir en algo llamativo, sesiones de fotos profesionales, premium, renovaciones. Ahora es lo normal pero cuando empezó no, y la verdad es que el gasto mereció la pena.
Poco después se prohibieron los anuncios en periódicos...y uno de los portales destacó bastante, la web más conocida en aquellos años, -de la que hoy existen 40 "copias baratas"-, (parecen páginas de compra-venta de coches), no te la menciono porque no me deja el team de escorten.net (jajaja).
Pues aquello era la selva: no había filtros, veías de todo y a todas horas. Yo creo que todos los chiflados y chifladas de España y parte del extranjero publicaron un anuncio en aquel portal. Vi fotos que me hicieron vomitar (literal). Hoy, con la edad que tengo, no publicaría un anuncio en aquel portal ni muerta, pero en aquella época no te quedaba de otra. Veías anuncios de "te la chupo por 5 euros"; la gente subía fotos muy heavys, era una cosa bastante cutre la verdad.
3. Redes sociales: el salto a Instagram y compañía
Cuando llegaron Snap, Instagram, Twitter, Badoo y similares, algunas compañeras se lanzaron a promocionarse en toda esta movida de las redes. Yo soy muy lanzada para unas cosas, pero también soy una parada para otras; no fui de las primeras, más bien fui de las últimas en redes, y la forma en que lo hice no fue la mejor. (Te cuento más adelante)
A veces se apodera de mí la diva que llevo dentro y hago cosas de las que luego me arrepiento. Aquello fue como pasar de una foto en un periódico a un reality show online. Al principio no había stories, ni tanta exposición, pero las stories lo cambiaron todo. Y no, no fue instagram la primera con stories, utilizaba Snapchat. En aquel entonces no solo mostraba mi cuerpo, mostraba lo que hacía, cómo vivía, lo que comía, el gimnasio... el día a día en general. Y no me pareció mal en aquel momento, me sentía a gusto (fue un error).
¿Qué mola de las redes?
Tienes un escaparate donde puedes enseñar no solo tu físico, sino también tu personalidad.
Los clientes se sienten más cercanos, casi como si te conocieran de toda la vida.
Puedes compartir experiencias y consejos con otras chicas del sector, ver lo que les está funcionando y demás.
¿Qué no mola tanto?
Te arriesgas a muchas cosas sin ser consciente.
Algunos clientes se cogen confianzas mentales sin que lo sepas.
-Las redes no respetan este tipo de trabajo y, cualquier chorrada, te cierran la cuenta sin avisar.-
Mi error de diva lo pagué de la siguiente manera: me tuve que mudar de ciudad (volví con mis padres una témporada, hasta que se me pasó el susto), tuve que borrar mis redes y empezar de cero. Perdí buenos clientes en una ciudad tranquila, con un tiempo maravilloso y una gente que me encanta (los canarios). (Estaba en Gran canaria en esa época, me había recorrido toda españa) ¿La razón por la que me tuve que ir? Exponerme demasiado y dar detalles que no debí darle a nadie, el caballero en cuestión "me obligó" a hacer la maleta y pirarme sin mirar atrás.
Consejo: Si vas a utilizar stories, en insta, aquí en escorten.net o en otra plataforma, no muestres más de lo necesario, evita subir stories estando en la calle, "estoy en la playa", "estoy en el restaurante" , "en el gym entrenando" y cosas por el estilo, creeme son un error. Mi consejo es que no lo hagas, una simple foto en la calle le puede dar pistas a algún chalado para saber por donde te mueves y eso te pone en un riesgo que no deberías asumir.
Las que nos dedicamos a esto sabemos por experiencia propia (o ajena) que algunos hombres piensan que eres puta por que no te queda de otra, y su misión en la vida es salvarte de ti misma.. (Como las femilocas)

De todo aquello saqué algo bueno: puedes vivir en Madrid y trabajar en Barcelona. Desde ese momento, así empecé a trabajar. ¿Por qué? Me evito problemas y no tengo que aguantar personas que están buscando el amor en el sitio equivocado.
No trabajo donde vivo y nadie sabe a qué me dedico. Y no porque me dé vergüenza, lo hago porque no a todo el mundo le funciona la cabeza igual.
Lo que para ti es acoso, para el acosador es algo normal, porque para esa persona estás equivocada y te estás perdiendo a un ser maravilloso, ¿no lo ves bobi?, por eso insiste y te persigue.(ironía)
¿Cómo utilizo las redes hoy?
Todas privadas, solo acepto a clientes serios. No acepto a gente inmadura ni al típico "Pablo Escobilla". Así puedo ver qué les interesa a mis clientes y cómo se quedan fijos en la empresa (jajaja).
4. SEGUIMOS CON Apps y Plataformas especializadas: todo "más pro"
Hoy en día ya hay aplicaciones solo para escorts, donde puedes verificarte, recibir pagos y hasta tener un chat cifrado con no se cuantas tecnologías para que nadie te espíe. Todo más pro, pero también más frío y más inseguro desde mi punto de vista.
¿Por qué no me convencen estas apps?
Sí, te ahorras tener que verificar al cliente. La app lo hace. Pagos al instante, sin riesgo de billetes falsos. Puedes ajustar la visibilidad según tu zona y una infinidad de extras para hacerte el trabajo "más fácil".
¿Pero cuál es la pega? Que las banean y desaparecen, o te banean por una supuesta falta, pierdes tu dinero y no te responde nadie. ¿Reclamar? Sí, espera sentada... Pierdes tu "rank", tienes que volver a empezar en otra plataforma desde cero. Y como ya van dos veces que me dejan sin dinero, no me fío de apps intermediarias.
Prefiero las webs o portales: nadie retiene mi dinero ni intermedia. Si las banean, vuelven a aparecer. Y si me banean (no puedo decirte si te responden o no porque nunca me han baneado de un portal o web), pero supongo que solo tendría que subir mis fotos y rellenar mi perfil de nuevo. Que me corrijan los de escorten.net si me equivoco (jajaja).
-Si te respondemos los mails "maría", manda uno y verás como te atendemos, más a ti que eres VIP en la casa cariño-
Aparte de esto, los clientes prefieren el trato directo, sin intermediarios. En muchas de estas apps que aparecen y desaparecen, te ponen ellos los precios y las opciones de tiempo. Aparte de la comisión, solo te aparece el pago, la dirección y se supone que vas a tener una cita perfecta (porque el cliente tiene buenas reseñas). Todas las que nos dedicamos a esto sabemos que... este trabajo es una lotería. Lo sabes y no te rías: lo mismo te toca alguien a quien te dan ganas de pagar para que vuelva, o te toca el típico que no para quieto porque se acaba de ver tres vídeos y terminas como si te hubieran metido dentro de una lavadora con cuatro pares de zapatos.
¿Mi experiencia?
Más de lo segundo que de lo primero. Sabemos que en cualquier sitio te puede pasar, pero mi experiencia es que los que utilizan estas apps suelen ser "frikis". Y lo siento si alguien se ofende, pero de 10 servicios, 8 eran personajes dignos de una serie de Netflix.
¿Qué tienen los portales o webs de malo?
Que tienes mucha más competencia porque cualquiera puede montarse un perfil, pagar un premium, activar las renovaciones y tienes que ponerte al día o no te comes un dulce.
5. Adaptarse o morir: el juego de la resiliencia
Lo que he aprendido en todos estos años es que si no te adaptas, te quedas fuera. He visto a compañeras muy buenas desaparecer porque no quisieron dar el salto al online, o porque no actualizaban sus perfiles a lo que estaba de moda, y no hablo de pagar por premiums y renovaciones, me refiero a "etiquetas" o términos que se utilizan, por ejemplo el término "GFE" (Girl Friend Experience) y otras parecidas como "BDSM". Antes al BDSM le decíamos "SADO" y a eso me refiero, los términos de búsqueda y las nuevas "palabritas" para definir prácticas sexuales.
La clave está en saber combinar lo mejor de ambos mundos: el trato directo con los clientes de toda la vida, la tecnología para llegar a más gente sin exponerte demasiado y actualizar el lenguaje que utilizas para expresarte en los anuncios. Si te quedas estancada, te pasan por encima. Así que siempre hay que estar al tanto de lo que funciona y lo que no, actualizar las fotos, cambiar el estilo y las descripciones de los anuncios y mantenerte al día.
6. El cliente también ha cambiado: expectativas y trato
Antes, cuando un cliente te llamaba, ya sabía lo que quería. No había tanta vuelta ni tanta negociación. Ahora, con toda la información que tienen online, muchos llegan con expectativas súper altas o ideas raras porque ven cosas en Internet que piensan que son lo normal.
¿Qué ha cambiado?
Antes valoraban el trato cercano y la discreción. Ahora algunos vienen buscando "vivir el vídeo" que vieron en una página.
Hay muchos que se creen que por seguirte en Instagram ya tienen derecho a opinar sobre tu vida o pedirte cosas raras con las que saben que no te sientes bien. Luego está el que anda perdido y lo quiere gratis: "te invito a cenar" (yo llegando a casa después de un francés de 30 minutos). Es lo que tiene poder ver tu día a día, que se montan la película y piensan que están contigo en casa mientras te haces el selfie.
La cantidad de mensajes preguntando cosas absurdas también ha aumentado. A veces te escriben solo para charlar y no tienen intención de quedar.
¿Cómo lidiar con esto?
Yo dejo claro desde el principio lo que ofrezco y lo que no. No pierdo el tiempo respondiendo a quien claramente está aburrido y no tiene intención de quedar. Con los años ya tengo afinado el filtro para distinguir clientes reales de curiosos y aburridos.
Lo primero que me hace sospechar es cuando me hacen alguna pregunta "rara" o las que empiezan por: "¿Y... y si me subo?", "¿Y si esto?", "¿Y aquello?". Con estas preguntas, mi atención se reduce drásticamente, y si las siguientes no son directas, el filtro se apodera de mi cuerpo y silencia o bloquea al pesadilla de turno, que seguramente esté buscando leer algo morboso para terminar.
7. La parte económica: del efectivo a las plataformas de pago
Antes, el efectivo era el rey. Era sencillo, directo y seguro (bueno, siempre y cuando estuvieras alerta con los billetes falsos). Pero con el tiempo, especialmente en estos últimos años, la cosa cambió bastante.
Hoy en día:
Muchos clientes prefieren pagar por aplicaciones porque no quieren llevar efectivo.
Plataformas como Bizum, PayPal o ahora las transferencias inmediatas se usan bastante, aunque hay que tener cuidado porque pueden ser reversibles o te hacen algún truco y en vez de pagar, le pagas tú (el típico que te solicita un pago).
¿Lo bueno?
Menos riesgos de llevar efectivo encima.
Puedes recibir el pago antes de la cita, evitando problemas.
Tienes un registro de ingresos que, si lo gestionas y te asesoras bien, te puede servir para justificar.
¿Lo malo?
Algunos clientes desconfían o prefieren efectivo por discreción.
Otra cosa a tener en cuenta es que hay plataformas que directamente bloquean los pagos o las cuentas si sospechan que son por servicios de acompañamiento.
El efectivo sigue siendo "lo más seguro" si conoces al cliente y ya tienes confianza. Pero si no lo conoces, te la juegas, porque el cliente te paga y cuando te vas a marchar resulta que ya no tienes el dinero donde lo dejaste, o directamente intenta robarte. Por eso no trabajo con gente de ciertos países. Seguro que si te dedicas a esto reconoces a gente de "acento problemático" (como los llamo yo).
Sabes de lo que hablo y sabes que no es racismo, es que son muchos años de puta y lo mismo que tengo un filtro para "pesadillas", lo tengo para hijos de puta. Solo con escuchar el español que hablan se me secan los ovarios. Y no es la raza, de la misma raza nacidos aquí son un encanto, es la cultura en la que se han criado desde pequeños y cómo tratan a la mujer en sus países. A esos, ni que me paguen x3, les doy una cita.
8. La seguridad: el eterno dilema
Siempre ha sido un tema importante, pero ahora hay más herramientas para estar un poco más tranquila. Antes ibas un poco a ciegas: si te llamaban y sonaba bien, ibas al encuentro y ya. Ahora, con tanto loco suelto, hay que ser más precavida.
Antes:
Anotabas la dirección en un papelito y se lo dejabas a una amiga por si acaso.
Las chicas del gremio nos avisábamos de clientes conflictivos y de los no conflictivos también (jajaja).
Solo podías intuir si el cliente era de fiar según su forma de hablar por teléfono.
Ahora:
Existen grupos privados de WhatsApp y Telegram donde se comparte información sobre clientes peligrosos o conflictivos.
Existen servicios de verificación de identidad antes de aceptar la cita.
Consejillo:
Nunca compartas la ubicación exacta hasta estar completamente segura.
Siempre avisa a alguien de confianza antes de ir a una cita y que te llame cuando se acaba el tiempo acordado, ten una palabra clave para avisar si algo va mal.
Ya sé que son cosas básicas, pero nunca está de más decirlo.
9. El desgaste emocional: más presión que antes
Aunque el trabajo siempre ha tenido su carga emocional, últimamente noto que hay más presión. Antes solo te preocupabas por estar bien físicamente y cumplir con el cliente. Ahora hay que lidiar también con la imagen online, filtrar los mensajes que te llegan y el miedo a que alguien filtre tus fotos o información si eres de las que no publica su cara en Internet.
Lo que más pesa:
La exposición en redes sociales: aunque ayuda a captar clientes, también puede ponerte en el punto de mira de gente tóxica.
La crítica constante: algunas personas, incluso dentro del gremio, pueden ser muy duras si no cumples ciertos “estándares” de imagen. (Estás gorda, ese pelo, esas pestañas, esas uñas, esos pies, esos dientes, etc.).
La doble vida: mantener el equilibrio entre lo personal y lo laboral se ha vuelto más complicado con tanta presencia online.
¿Cómo lo gestiono?
Desconecto cuando siento que me está afectando más de la cuenta.
Mantengo dos perfiles: uno personal y otro laboral, y nunca los mezclo; trabajo es trabajo y mi vida personal es mi vida personal.
No trabajo en la ciudad donde vivo.
No dejo que los comentarios negativos me afecten más de lo necesario. Si te digo que no me afecta escuchar ciertas cosas, estaría mintiendo. Por muy dura que me crea, tengo un corazón y a veces se acelera sin explicación. Hay personas que hacen algún comentario que parece no afectarte en el momento, pero luego llegas a casa y de repente lo vuelves a escuchar en tu cabeza.
Tu mente te lo recuerda de vez en cuando y es un runrún que te desconcentra. Cuando me pasa, me relajo y me pongo a hablar conmigo misma. Lo primero que hago es decirle a mi mente que no quiero que me vuelva a recordar eso. Aunque parezca una tontería, me funciona la mayoría de las veces y no vuelvo a acordarme de ciertas chorradas. Pero cuando mi mente no hace caso y vuelve a recordarme algo que no me hace bien, me pregunto: ¿por qué me está afectando? (me respondo), ¿quién es esa persona en mi vida? (me respondo), ¿por qué le doy importancia? (me respondo), ¿lo que dijo me ayuda en algo? (me respondo). Poco a poco va desapareciendo ese mal rollo que me genera el comentario o la opinión de alguien a quien no le pedí ni consejo ni opinión.
10. El futuro: ¿qué viene después?
Después de tantos años, ya empiezas a pensar en qué pasará cuando me jubile.
Algunas compañeras han aprovechado para montar negocios propios, sobre todo relacionados con la estética o el "coaching de chicas".
Ideas que estoy aplicando pensando en mi retirada:
Montar un blog. Dicen que va bien para desahogarse y cierto es. (Gracias escorten.net, encima de manera anónima jaja).
Formarme en algo que me permita seguir trabajando de manera independiente (Echo).
Invertir en propiedades para asegurarme un ingreso fijo cuando me retire (Echo).
Mi consejo, que igual suena típico y a cliché, es que no te quedes parada. Conozco a muchas que, al dejar el sector, se sienten perdidas. Planifica tu futuro para ir dejando esto de forma gradual y que sea una transición, no un "trauma". ¿Por qué? Porque lo echarás de menos, volverás y la edad no perdona. Si tienes más de 35, por mucho que te operes y estés siempre perfecta, no vas a tener la misma piel que una persona de 20 años. Eso se traducirá en menos clientes, menos dinero y, si te dedicas a esto, empezar de cero con 40 y pico años en otra profesión te complicará la segunda etapa de tu vida.
La verdad es que el sector ha cambiado una barbaridad. Hay cosas que han mejorado, sobre todo en cuanto a seguridad y visibilidad, pero también hay más competencia y algunos riesgos nuevos.
Lo importante es mantenerse al día, cuidarse física y emocionalmente, y recuerda esta frase que me encanta: "Tu trabajo no te define como persona, te definen tus experiencias".
Espero que mi historia te sirva de algo, cuídate y muchos besos.
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