No todo es blanco o negro

No todo es blanco o negro, y menos en temas tan complejos. Empecemos por lo básico: asociar automáticamente la prostitución con la trata es como decir que todos los que trabajan en un McDonald’s están esclavizados porque odian su curro. ¡Falso!

La prostitución puede ser una elección libre para muchas personas (sí, adultos con agenda propia), mientras que la trata es coerción pura y dura, explotación sin consentimiento ni conocimiento. Mezclarlas es un cliché que ignora la realidad y estigmatiza a quienes eligen cómo ganarse la vida.

¿Víctimas? Claro que las hay, pero no todas lo son. ¡No generalicemos, por favor!

Prostitución ≠ trata

El problema es que asociar prostitución a trata es fácil, rápido y queda bien en titulares. Si le preguntas a cualquiera en la calle, lo más probable es que te diga que “la mayoría de prostitutas están obligadas”.

Pero la realidad es otra: hay personas que eligen ser escorts, trabajar en esto porque lo ven como una manera válida de ganarse la vida, y reducir todo a una única etiqueta es injusto. El debate pierde toda seriedad cuando se mezclan elecciones personales con crímenes de explotación.

Migración y trata: la otra cara de la moneda

Si hablamos de migración, la percepción cambia. Ahí muchos niegan cualquier vínculo con la trata, como si fueran mundos separados. Y no: muchas redes de trata utilizan rutas migratorias irregulares para mover personas que terminan explotadas contra su voluntad.

Y ojo, no solo hablamos de explotación sexual. También están quienes recogen fruta en el campo, limpian casas o cocinan en hogares donde ni se imaginan que esa persona está atrapada en una deuda imposible de pagar. Muchas veces, bajo la amenaza de que, si se niegan, la familia que dejaron atrás sufrirá las consecuencias.

Generalizar es de mediocres

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No todos los emigrantes van a pedirte un segarro, amego

¿Toda emigración ilegal es trata? ¿Todos los que cruzan fronteras son delincuentes? Obviamente no. Generalizar aquí es tan estúpido como en el caso de la prostitución.

Y lo digo claro: quien generaliza así, en cualquiera de los dos temas, no debería ocupar cargos públicos ni tener poder para decidir cosas que nos afectan a todos.

Hay personas que cruzan fronteras buscando un futuro mejor, porque en su país de origen no tienen ni para poner un plato de comida en la mesa a sus hijos. ¿Qué otra opción les queda? Juzgar desde un sillón cómodo es demasiado fácil.

El problema de los discursos simplistas

Lo peor son esos discursos de manual, las frases hechas que se repiten como loros en tertulias:

  • “Todos los inmigrantes son víctimas o delincuentes”.
  • “Toda prostitución es trata”.
  • “Nadie elige ser escort, todas son explotadas”.

Ninguno de esos clichés ayuda a resolver nada. No aportan soluciones, no dan herramientas, no escuchan a quienes de verdad viven esas realidades. Solo alimentan prejuicios y miedos que sirven para llenar titulares y poco más.

¿Y si empezamos a pensar en personas y no en etiquetas?

¿Y si, por una vez, dejamos de poner etiquetas y de generalizar en temas que afectan directamente a la vida de seres humanos?

¿Tan difícil es empezar a trabajar por las personas en lugar de repetir consignas? Le hablo a las ministras, ministros y ministres de este maravilloso país: dejad de usar vidas humanas como armas políticas y empezad a hacer algo decente por quienes (con toda la esperanza del mundo) fueron a depositar su voto en una urna.

Para terminar…

No todo es tan simple como decir “prostitución = trata” o “migración = delincuencia”. Son temas reales, con personas reales, y seguir reduciéndolos a clichés no ayuda a nadie.